lunes, 28 de mayo de 2012


A mis amigos,


El siguiente trabajo fue realizado en el año 1982.


Actualmente y con los cambios culturales y sociales que ocurrieron  en nuestra sociedad desde entonces, algunos de sus conceptos freudianos, muy técnicos ellos, merecen algunos comentarios de mi parte que serán materia de una futura próxima entrada.  

Igualmente,  si quieren hacerme llegar sus propios comentarios, serán bienvenidos,
Gracias.

                                                             

 OBJETO DE LA PULSION

                                               “Azar captado, conservado,  reproducido  por la maquinaria de la invariancia y así convertido en orden, regla, necesidad”


Jacques  Monod,  “El Azar y la Necesidad”.



Los dos términos que orientan este trabajo, tanto “objeto” como “pulsión",   han recibido, a través de la obra de Freud, diferentes enfoques y definiciones,  de acuerdo a los diversos derroteros que siguieron tanto  su pensamiento teórico  como  su experiencia clínica. 

Puestos en la tarea de reflexionar acerca de ellos,  se nos abre un panorama complejo que nos impone la necesidad de definir los alcances de cada uno de los dos términos  a los fines del presente trabajo.

El concepto de Pulsión,  introducido por Freud en Tres Ensayos para una Teoría Sexual, en 1905, fue concebido siempre por él en un  sentido dualista,  aunque los dos polos de la dualidad se fueron modificando a lo largo de su obra:


                Pulsiones sexuales/Pulsiones de Autoconservación,


                Libido de objeto/Libido del yo,


                Pulsiones de vida/Pulsiones de muerte.
                
          
 PULSIONES  SEXUALES/PULSIONES DE AUTOCONSERVACION   (1)


La primera discriminación que nos impone el termino "pulsión"   en esta primera dualidad,  es su diferenciación con respecto al concepto de Instinto.  

Entenderemos por instinto,   un esquema de comportamiento heredado, propio de una especie, que varía poco de uno a otro individuo,  se desarrolla según una secuencia temporal poco susceptible de perturbarse,   y parece responder a una finalidad   (2).


En sus Tres Ensayos para  una Teoría Sexual,  Freud define a la pulsión como sigue:


                “Si reunimos lo que  la indagación de las perversiones positivas y negativas nos ha permitido averiguar, resulta sugerente reconducirlas a una serie de pulsiones parciales que, empero no son algo primario, pues admiten una ulterior descomposición.   Por “pulsión” podemos entender al comienzo,   nada más que la agencia representante psíquica  de una fuente de estímulos intrasomática  en constante fluir:  concepto que ya aquí deslinda lo anímico respecto de lo somático .  O sea que   en sí  no poseen cualidad alguna sino que han de considerarse solo como medida de exigencia de trabajo para la vida anímica. Lo que va a distinguir a las pulsiones unas de otras y las va a dotar de propiedades específicas,  es su relación con sus fuentes somáticas,  y  con sus  metas.


De esta cita podemos realizar, en un principio, la siguiente comprensión:
        
Ese “algo primario”  que Freud  aisla con respecto al concepto de Pulsión,  es que se trata de un “representante psíquico”.   Representa a la “fuente de estímulos” que es intra somática y por ende,  fenómeno  de otro territorio.

Freud  incluye entonces en el concepto de Pulsión,  ya en su esencia,  el  salto de una región  de fenómenos somáticos, propia de todos los seres animados,  a una nueva región, específicamente humana de fenómenos:   el reino de lo psíquico.


Surge además que este representante psíquico “en si”, no tiene cualidad ninguna  y  que ésta la adquiere por su relación con sus fuentes y con sus metas  (Nótese que no menciona a su Objeto). 


 Esto lleva a Freud a postular la existencia,  no de UNA  pulsión sino de muchas de ellas, tantas como fuentes y metas puedan descubrirse.


              “…..los órganos del cuerpo brindan dos clases de excitaciones  basadas en diferencias de naturaleza química.  A una de estas clases de excitación la designamos como la específicamente sexual y al órgano afectado como la zona erógena de la pulsión parcial sexual que arranca de él” (3)


De modo  que la pulsión específicamente sexual es  parcial, ya que parte de zonas erógenas diversas.  A través del camino de la investigación de la sexualidad infantil espera Freud encontrar los “fenómenos que esclarezcan la conformación originaria de la pulsión sexual”  (4)


Descubre así,  como esencia de de la misma,  tres características fundamentales, tomando como modelo el chupeteo del lactante:
  
1)  Nace apuntalándose (anlehnen) en funciones corporales fundamentales para la vida, 
 
2)   es autoerótica,  ya que se satisface en su propio cuerpo y al principio carece de objeto  y
  
3)  su meta sexual se encuentra bajo el imperio de una zona erógena.


Tuvo su objeto:   el pecho,   cuando éste satisfizo la necesidad de alimento.   Lo perdió.  El placer entonces experimentado, deviene anhelo de búsqueda renovada de aquella experiencia de satisfacción.
El chupeteo,  representante psíquico,   heredero de aquella satisfacción con un  objeto real, encarna ahora la satisfacción con ese objeto, ya ausente.    Y,   engendrada desde la zona erógena,  se sexualiza la pulsión,   es decir,  se convierte en representante.

El salto cualitativo a la otra región de fenómenos,  la esfera de las representaciones,  se ha realizado a través del autoerotismo,  una de las características primarias y esenciales de la pulsión sexual.  


Se desprende el placer de la necesidad.   Momento generador de la sexualidad humana.  El placer experimentado es el motor que exige su repetición, aun en ausencia del objeto signado por la pulsión de autoconservación.

Y la pulsión,  ya sexual,  cuya expresión será la “libido”,  capaz entonces de sustituir, de desplazarse y de conformar un universo de representaciones, va a transitar,  sus cuatro vicisitudes posibles:

.  Transformación en lo contrario.
Vuelta contra el propio sujeto.
.  Represión.
.  Sublimación,  
construyendo y reconstruyendo aquel objeto mítico de una satisfacción ya imposible.
Tenemos entonces a las pulsiones sexuales como:


-  responsables de las perversiones, cuando los diques a la sexualidad no se instauran antes de su desarrollo total, 


-  responsables de la represión,  y como consecuencia,  de los  síntomas neuróticos,  cuando su desarrollo hiperpotente se encuentra sofocado por una represión a excesiva y se desvían entonces hacia su expresión a través de  estos  síntomas,


- responsables de la sublimación y por ende de sus productos,  la cultura y el arte.


Es decir,  como sustento de todos los fenómenos específicamente humanos.
 
Son, por lo tanto,  responsables del amor.  


Y ya estaríamos aquí en el terreno del objeto de la pulsión.



HALLAZGO DE OBJETO.



Antes de adentrarnos  en el terreno del objeto, trataremos de precisar algunos puntos.


Las definiciones que da Freud de “pulsión”, en  sus Tres Ensayos para una Teoría Sexual,  en su estudio del caso Schreber y en  Pulsiones y Destinos de la Pulsion,  coinciden en designar a la pulsión como representante psíquico de poderes orgánicos,  o sea,  ya psíquica en si misma.


Sin embargo, en su trabajo sobre  Lo Inconsciente (5) y,  a mi entender,  para poder conceptualizar la represión,  uno de los destinos de las pulsiones sexuales,  Freud   debe precisar su definición de   pulsión y dice : 


          “ Una pulsión nunca puede  pasar a ser objeto  de la conciencia.   Solo puede serlo la representación, que es su representante.”  Y va aún más lejos: 


         “  Tampoco en el interior de lo inconciente puede estar representada si no  es por la  representación.   Si la pulsión no se adhiriera a una representación ni saliera a la luz como un estado afectivo,  nada podríamos saber de ella”.


Entonces,    por qué en el terreno del objeto, nos remitimos a la represión?  Porque hablar de hallazgo de objeto implica la represión como premisa necesaria.


Así,  la represión,  inferencia  teórica postulada por el psicoanálisis y puesta en evidencia a través de su fracaso,  en los síntomas neuróticos,  en los sueños,  en los actos fallidos,  sustenta también la elección de objeto erótico.




OBJETO DE LA  REPRESENTACIÓN


Precisemos ahora el concepto de objeto al que aludimos.


Freud habla en sus Tres Ensayos para una Teoría Sexual y en Pulsiones y Destinos de Pulsión,   del objeto de la pulsión.  Sus características esenciales consisten en :


-     Ser el apropiado para la satisfación de una zona erógena determinada,              
-     estar signado por el autoerotismo y la contingencia,
-     y marcado por las valoraciones de las pulsiones de autoconservación  (“También en el hallazgo de objeto, las pulsiones sexuales siguen los caminos que les marcan las pulsiones de autoconservación”) (6)


Con respecto a la contingencia,  no debemos entender que cualquier objeto puede servir a la satisfacción de la pulsión,  como podría pensarse en una primera lectura.  
De ser así, no tendría sentido la afirmación de Freud acerca de que el encuentro de objeto es propiamente un reencuentro,  lo que enfatiza la fijeza del objeto y su permanencia a través de los cambios. 
Con el concepto de contingencia del objeto, entenderemos sólo que el objeto,  tal como surge de su estudio a través de las perversiones, no se halla determinado biológicamente,  ni se halla ligado a lal pulsión desde un comienzo,  como lo es el objeto  del instinto.


Esta aparente contradicción está ligada al concepto de represión y desaparece con el concepto de fijación:


          “Es un lazo particularmente íntimo de la pulsión con su objeto, que suele consumarse en períodos muy tempranos del desarrollo pulsional” (7)


Entonces, si bien el objeto no se halla ligado a la pulsión desde un comienzo,   a partir de las experiencias de satisfacción y sus representaciones,  se va construyendo un objeto que ya deja de ser contingente,   para ser el que se anhela y se encuentra en todos los objetos en los que se encarna luego la pulsión. 
Este concepto de fijación,   fundamental para la comprensión de la elección de objeto,  nos habla de  una unión indisoluble entre  pulsión y objeto.


Pero que sustenta los equívocos a que da lugar en la obra de Freud el concepto de objeto.


Por una parte, Freud es bien claro cuando afirma que la pulsión solo puede estar representada por una representación, aún en lo inconsciente.   Entonces la “unión indisoluble”  se consuma en la esfera de la representación.


Otra vía posible de indagación es el concepto de libido.   Freud designa como “libido” a la energía psíquica que representa a la pulsión sexual y le adjudica siempre un carácter cuantitativo: 


                 “Libido es una expresión tomada de la teoría de la afectividad.  Llamamos así a la energía considerada como una magnitud cuantitativa de las pulsiones que tienen relación con todo aquello que puede designarse con la palabra Amor”.(8).  Además,  es “la manifestación dinámica, en la vida psíquica de la pulsión sexual” (9) 


Es  una energía que Freud diferencia claramente de la excitación  sexual somática.  
Entonces,  operaría en la esfera de la representación y no en el territorio de los objetos reales.


Aclaremos que se habla de objetos reales en el sentido del sustento fáctico del objeto de la necesidad gobernado por el principio  de realidad y articulado con  las pulsiones de autoconservación,    en tanto que reservamos la esfera de las representaciones y la fantasía  para el dominio de las pulsiones sexuales regidas por el principio del placer. (10)
Entonces, cuando Freud habla de  “libido objetal”, al formular su teoría de la libido,  estaríamos autorizados a pensar en un objeto de la representación y no en un objeto real.


Esto se encuentra implícito en su analogía entre libido de objeto y libido del Yo,  y  el cuerpo de una ameba y sus seudópodos.    La libido de objeto es a la libido del Yo como los seudópodos al cuerpo de la ameba.


Por otra vía también se llega a la misma convicción.  


Freud  formula  la primera dualidad pulsional:      Pulsiones sexuales/Pulsiones de autoconservación,   a partir del análisis de los de los síntomas neuróticos construídos  con   la materia prima de las pulsiones parciales.     Los síntomas se construyen merced al proceso de la represión y ésta,   como ya sabemos,  solo opera sobre representaciones.     No se  puede reprimir ,  en sentido estricto,  un objeto real.  Entonces,  cuando Freud  habla de objeto,   en realidad habla de representaciones de objeto.


Luego de este rodeo, retomemos el concepto de fijación,  momento mítico de unión entre pulsión y objeto,  a partir del cual, ya, parafraseando a Monod, el azar se introduce en el circuito de la invariancia y se convierte en necesidad.   Se sellan  aquí los destinos del objeto.


El concepto de fijación se articula  con el de represión primaria,  supuesto teórico  descripto por Freud en sus trabajos sobre la represión,   y que configura   el primer tiempo de la operación represiva. 
El núcleo   de lo primariamente reprimido está  constituído por aquellas representaciones a las que quedó fijada la pulsión de manera inmutable, proceso éste que ocurre    “…muy tempranamente en el desarrollo pulsional”. 


Este núcleo ejerce luego una atracción sobre todas aquellas representaciones que se conecten de algún modo con él.    Por lo tanto, la represión posterior propiamente dicha,  no puede realizarse si  no media la atracción de lo primariamente reprimido.


Ahora bien,   estas representaciones inconcientes  pugnarán permanentemente (drang,   esencia de la pulsión)  por enlazarse a nuevas representaciones para acceder a la conciencia.  


La represión requerirá,  para mantenerse,  de un proceso ulterior de “contrabesetzung”,  o  "contrapresión,"  que será el gasto permanente de energía para mantener alejada de la conciencia a la representación reprimida. 


Este proceso es propio de la represión primaria, que cuenta con la “contrabesetzung” como único mecanismo,  ya que en este territorio no puede ocurrir la sustracción de libido característica de la represión posterior. 


Una descripción metapsicológica del objeto erótico caería fuera del alcance del presente trabajo.   No obstante, tal vez podamos pensar que el objeto erótico cumple esta función.  
Al tiempo que proporciona la satisfacción de la pulsión,  o al menos  una satisfacción parcial,  permite que la represión  se mantenga.


Por un lado,  el objeto erótico es el representante de lo inefable,  del goce al que la pulsión no renunciará jamás, ya que su destino incoercible es la búsqueda,  en la repetición,  de la satisfacción gozada en aquella unión a muerte sellada en la experiencia primitiva que se estampará en sus sucesivas experiencias.


Por otra parte, uno de sus destinos,   la represión hará que lo que determina que un objeto sea jerarquizado entre otros posibles, precisamente aquello por lo que es elegido,  permanezca oculto.  


Pero oculto, no a la manera de lo que no se puede ver.   Sino a la manera de lo que no se puede decir.


Cómo se hace conciente lo inconciente?   Freud lo dice en su capítulo VII  de Lo Inconciente:    a través de los puentes que le ofrecen las palabras.   


Entonces,   qué es lo que hace que amemos a un objeto?  No lo que podemos decir de él,  sino  precisamente lo que no podemos.  Podemos  tratar de describirlo.   Podría ser muy rica la descripción y sin embargo siempre el objeto quedaría no dicho.  


Podemos hablar de sus características,    pero jamás hablaremos de  él.  Solo podemos hablar de sus contingencias.  Por ello el objeto no cambia a pesar de los cambios.   Por eso su fijeza y su estabilidad trascienden las infidelidades.


Hasta aquí podemos decir entonces,  con Freud,  que el hallazgo de objeto es una operación que se realiza en primera instancia en la esfera de la representación (11), en el campo de operaciones de la libido y como consecuencia de ciertos destinos de la pulsión.  



REALIDAD DEL OBJETO


Y   sin embargo, a pesar de todo lo dicho,   y que su hallazgo sucede  en el terreno de la representación ,    no podemos negarle al objeto  su existencia real.    Parecería ser que la pulsión sexual requiere para su satisfacción de su enajenamiento en un objeto real.


Surge entonces, para el sujeto,   con características de realidad,  un objeto del que “parte” la atracción sexual (12)


Podemos preguntarnos por qué la pulsión sexual, que nace   desprendiéndose  y separándose  de la necesidad,   que se desarrolla , consecuentemente ,   bajo el imperio del principio del placer,   y cuyo universo específico es la esfera de las representaciones y de la fantasía,  requiere,  en determinado momento,  para su satisfacción,   de su encarnación en un objeto real.


Este interrogante se articula con el concepto de “anlehnung” que como ya vimos,  constituye el punto generador de las pulsiones sexuales.  Sin conceptualizarlo como un momento cronológico,  tomaremos como modelo  el chupeteo del lactante.


Hay una misma zona:   la boca,   territorio en el que se juegan dos niveles de fenómenos (13).


Por una parte y desde una perspectiva,  la necesidad clama por un objeto real:  el pecho,  esencial para la nutrición y conser vación de la vida.


Al mismo tiempo, y desde otra perspectiva,   el placer clama por la satisfacción,  placer de órgano,  que ya al haberse desprendido de la necesidad,   puede realizarse a través de objetos sustitutos,  por  ejemplo,  el pulgar.  


Pero este deslizamiento del pecho al pulgar, tan simple en aparienciaestá cargado de consecuencias,  ya que implica la inauguración de un mundo en el que ya la realidad se subvierte de acuerdo a los deseos.


Sin embargo, ese mundo no es perfecto, ya que hay momentos,  los llamaremos,  de intersección,   en que la necesidad vuelve a sus reclamos imperiosos,   reclamos que,  como vimos,   no pueden ser desoídos sin que graves peligros acechen al Yo.


Retomemos la polaridad económica que introduce Freud en  Introducción del Narcisismo,   entre libido objetal y libido del Yo,   postulada a partir del estudio de las neurosis narcisistas y la vida amorosa entre los sexos.


La libido,  que aparecía adherida a los objetos y que expresa su deseo de obtener la satisfacción a través de ellos,   puede también abandonarlos y ocupar al Yo.


Postula también Freud que el narcisismo sería el estado originario a partir del cual más tarde  deriva el amor de objeto ,  tal como los seudópodos  son a la ameba en la analogía zoológica. 


Pero este amor de objeto,  este investimiento libidinal de representaciones que se encarna en un soporte real,  por qué se realiza?   Qué es lo que lo determina?


En un párrafo muy esclarecedor de la 26ª. Conferencia de Introducción al Psicoanálisis,  Freud dice:


La acumulación de libido narcisista no puede ser soportada por el sujeto sino hasta un determinado nivel….,  




                 “…..y podemos suponer además que si la libido acude a investir  objetos es porque el Yo ve en ello un  medio de evitar los efectos patológicos que produciría un estancamiento de la misma”.


Surge entonces que el hallazgo de objeto, correlato del investimiento de representaciones ,   se concreta   a partir de una necesidad del Yo,  que aparece en ocasión de un aumento de libido narcisista, que alcance o sobrepase  un determinado nivel.


Estas ocasiones de aumento de libido son para Freud,  enigmáticas.   Pueden provenir tanto de una estimulación interna  como  de una estimulación  externa que reactive sistemas de representaciones reprimidas.   De este último caso podríamos pensar que un ejemplo lo constituiría el resto diurno de los sueños.


Con respecto al primer caso,  un importantísimo incremento somático de la tensión  sexual es el que se produce en la pubertad, luego del llamado período de latencia. 
Represión mediante, determina un fenómeno exclusivo de la especie humana,  la elección de objeto erótico  que se realiza en dos oleadas:

                “…..ya en la   niñez se consuma una elección de objeto como la que hemos supuesto característica de la fase de desarrollo de la pubertad.  El conjunto de los afanes sexuales se dirigen a una persona única y en ella quieren alcanzar su meta”.  (14)

Si bien esta elección de objeto infantil guarda similitudes,  y determina en buena medida, las posteriores elecciones de objeto,  es útil señalar algunas diferencias.

Una diferencia fundamental es que las metas sexuales infantiles tienden al placer de satisfacción que Freud discrimina del placer de descarga que aparece como nueva meta junto con el intenso  refuerzo somático que trae consigo la pubertad.  
El placer de descarga lo demanda  el incremento de la tensión sexual,  fenómeno que aparece distintivamente en el período  de la pubertad:


                 “Ya en la niñez se engendra, junto al placer de satisfacción, cierto monto de tensión sexual,  si bien menos constante y no tan vasto”. (15)


La tensión sexual es, entonces, específi camente somática  y  aparece  en la pubertad como característica esencial del nuevo orden en el que deben insertarse las pulsiones sexuales y sus metas infantiles. 


Entonces, cuál sería la diferencia distintiva entre ambas oleadas? 


.   Que una de ellas, la propia de las pulsiones sexuales parciales, que demandan la satisfacción de zonas erógenas, como meta sexual, puede sufrir las vicisitudes propias de las pulsiones sexuales,  es decir, pueden reprimirse y/o sublimarse,  desplazarse en la fantasía e investir otras representaciones, es decir, pueden permanecer en el ámbito del autoerotismo y la representación y traer como  correlato,   lo que de hecho sucede habitualmente,  el período de latencia.

.    En cambio,  el incremento de la  tensión sexual somática por encima de un nivel determinado, produce la necesidad,  que requiere,  como vimos, para su satisfacción,  de una encarnación en un objeto real.   Objeto éste que permita  la descarga  y que  desde el programa genético de la especie,   ponga a la pulsión sexual al servicio de la reproducción.

Sintetizando lo anterior,  podríamos decir que las pulsiones sexuales no se realizan sino a requerimiento del cuerpo.  

Al realizarse en un hallazgo de objeto,  se encarnan los requisitos autoeróticos en un cuerpo ajeno y de esta manera se satisfacen,   cumpliéndose además, los designios de  la especie.

La primacía de la zona genital,  que jerarquiza Freud,  constituiría un nuevo punto privilegiado de intersección de placer y de necesidad,   de representación y  de realidad.    Nuevo punto de encuentro entre los reclamos del placer y de la necesidad en un objeto en el que se satisfacen ambos grupos de pulsiones:  las sexuales y las de autoconservación, que, en este caso se extienden a la conservación de la especie.


SOBREESTIMACION SEXUAL


Sin  embargo,   se nos presenta un nuevo interrogante,   si nos preguntamos acerca de la naturaleza del objeto de amor. 
Sin dudas,  quien ama,   ama a una persona  total.


Sabemos que el hallazgo de objeto viene  predeterminado por ciertos requisitos provenientes de la satisfacción de pulsiones parciales infantiles, ligadas al autoerotismo y a zonas erógenas.   Pero, a través de qué acto psíquico se realiza este pasaje del requisito autoerótico a la persona  total?

Podría explicarse desde una hipótesis evolutivo-genética,  a partir de la cual el niño evolucionaría desde un objeto parcial hacia un objeto total.


Pero Freud no recurre a esta hipótesis, sino que realiza una extensión analógica del concepto de “anlehnung”  o apuntalamiento  (o apoyo) de la pulsión sexual en la pulsión de autoconservación,  de modo tal que podría desplegarse del siguiente modo: así como las pulsiones de autoconservación sirven de apuntalamiento  e indican el objeto a las pulsiones sexuales, así la madre se convierte en el apuntalamiento de las pulsiones del niño. 

Pero esta analogía no explica el fenómeno.   Un posible intento de comprensión  lo encontramos en el concepto de “sobreestimación sexual”.


En sus Tres Ensayos,  Freud realiza la siguiente descripción  :  


                       “La estima psíquica de que se hace partícipe al objeto sexual como meta deseada de la pulsión sexual,  solo en los casos más raros se circunscribe a los genitales.   Abarca todo todo su cuerpo y tiende a incluir todas las sensaciones que parten del objeto sexual. La misma sobreestimación irradia al psíquico y se manifiesta  como ceguera lógica (debilidad del juicio)  respecto de los productos anímicos y de las perfecciones del objeto sexual……”

Esta característica de irradiarse que posee la sobreestimación  sexual, nos brinda la posibilidad de entender que a partir de un  punto focalizado, o una condición erótica específica,  se genere el amor a la “persona toda”.  Sería una característica entonces  de la pulsión  la de tender a apoderarse del objeto en todas sus dimensiones.
En  su  Introducción del  Narcisismo,  Freud define a la sobreestimación sexual como un desborde de libido yoica sobre el objeto y agrega que “ esa llamativa sobreestimación sexual”,  génesis del enamoramiento,  sin duda proviene del narcisismo originario del niño que se transfiere sobre el objeto sexual.  
El Yo, empobrecido,  ya que todas las perfecciones  pertenecen al objeto, amaría al objeto precisamente por encarnar éste lo que le falta al Yo para ser su propio ideal.

Esta sería la articulación entre ideal sexual e ideal del Yo materializada por la sobreestimación sexual. 
Así,   el  ideal  sexual entraría al servicio de la satisfacción narcisista.
  
La sobreestimación sexual,  característica del   tipo de amor masculino, rara vez vez falta en la mujer  con respecto al hijo dado a luz por ella.  Es, al decir de Freud,   el estigma narcisista que brinda su sello al vínculo padres-hijos, o más precisamente madre-hijo.  

           “El amor parental, tan conmovedor e infantil,  en el fondo no es otra cosa que el narcisismo redivivo de los padres,  que su transmutación en amor de objeto revela inequívoca  su prístina naturaleza” (16)

“His Majesty the Baby”,(17)   ese “niño” que se descubre en todo hijo, construido desde el narcisismo infantil de los padres, es una estructura en la que se reencuentran éstos con su paraíso perdido,  con aquel “niño” que creyeron ser,  con el goce al al que no se pudo renunciar. (18)
Así,  en el hijo-“niño” confluyen y   se   intersectan   nuevamente ambos grupos de pulsiones:


Las pulsiones sexuales se satisfacen en la construcción del “niño”, 
en tanto que el hijo,  producto de la pulsión de conservación de la especie, es el nuevo portador del plasma germinal inmortal.

Freud en sus Tres Ensayos, dice que los síntomas no se construyen a expensas de la pulsión sexual genital, sino merced a las pulsiones parciales .  

Nosotros agregaríamos que la pulsión sexual al servicio de la procreación  no produce síntomas,  produce hijos,  en tanto que las pulsiones sexuales parciales estructuran al “niño”,  apuntalándose  en el hijo,  nuevo soporte que les brinda lo real.



REFERENCIAS 

1.        Freud introduce esta dualidad en su artículo:  Concepto Psicoanalítico de los Trastornos Psicógenos de la Visión – 1910

2.       Laplanche y Pontalis – Diccionario de Psicoanálisis.  Concepto  de INSTINTO.

3.       Tres Ensayos para una Teoría Sexual – S.Freud  - 1905.   Editorial Amorrortu, T.VII

4.       Id.

5.       Lo Inconciente.  Cap.  III, pag.173,  Edit. Amorrortu – S.Freud -1914 , T.XIV.

6.       Pulsiones y Destinos de  Pulsión, pag. 118  - Ed. Amorrortu – S.Freud  T.XIV  - 1914

7.       Id.  Pag. 118

8.       Psicología de las Masas y Análisis del Yo – S. Freud – Edit.   Amorrortu,  T.XVIII.

9.       Psicoanálisis y Teoría de la libido.

10.    Los Dos Principios del Funcionamiento Mental – Freud , O.C. T.II, pag. 1638.

“La decepción ante la ausencia de la satisfacción (por medio de alucinaciones) motivó luego el abandono  de esta tentativa de satisfacción …..y para sustituirla tuvo que decidirse el aparato psíquico a representar las circunstancias reales del mundo externo y tender a su modificación real.”

11.    Tres Ensayos para una Teoría  Sexual – S. Freud – Edit. Amorrortu, T.VII – 1905

12.    Id. Ant. Pag. 123

13.    Concepto Psicoanálitico de los Trastornos Psicógenos de la visión – 1910  -  O.C. T.II –“Las pulsiones sexuales y las del Yo tienen a su disposición los mismos órganos  y sistemas orgánicos: la boca sirve para comer tanto como para besar y para la expresión verbal y los ojos  no perciben tan solo  las modificaciones del mundo exterior importantes para la conservación de la vida sino también las cualidades de los objetos que los elevan a la categoría de objetos de la elección erótica”.

14.    Tres Ensayos para una teoría sexual – S. Freud – Edit. Amorrortu, T. VII – 1905.

15.    Id. Pag.181

16.    Introducción del  Narcisismo – S. Freud – Edit. Amorrortu _ T. XIV , 1914.

17.    Id.

18.    Concepto de “niño” de Jorge de Gregorio :  Ich/Ideal/Ich.  Edit.  COPAL

















2 comentarios:

  1. Mariana siguiendo la lectura de tu trabajo, me llevó al comienzo; que fue el rencuentro con la obra de Mono.felicitaciones por la actualidad del trabajo.
    Marta Rita

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